Juliana Klinkert Meditación

Cómo fortalecer nuestra mente cuando empezamos a meditar

Esta es mi propia historia, una experiencia que viví en el monasterio en Nepal. En ella les cuento que pasó con mi mente después de 10 días de estar en un retiro y llegar al centro de Katmandú. Disfrútalo y regálate un espacio de amor y cuidado personal cada día.

Hace días no me aventuro a escribir, me pregunté porque? Y me vi sacando una cantidad de disculpas, perdí toda mi base de datos… no tengo mi newsletter activa, estoy cansada, debo hacer esto o lo otro. Sin embargo siento dentro de mí que aún hay algo que me dice en el interior, ESCRIBE!

Y pues acá estoy, dejaré que este teclado y estas manos fluyan con las letras que sean que se deben imprimir en esta hoja en blanco. Más allá de las palabras debemos saber que la energía que se imprime en cada letra es la que realmente toca nuestra alma. Así que me conectaré con toda esa energía sagrada que me ha acompañado en este camino para expandirla en ti.

Así que posiblemente escribiré acerca de esto hoy. He descubierto a través de los años que las personas sueñan con la palabra meditación, y a la vez no saben que significa o se han topado con enseñanzas que las confunden y las aturden.

Con la meditación entrenamos nuestra mente para lograr regresar a nuestro estado de pureza, de paz…. Hay una mujer con la que medito, que cada sesión, cada nueva experiencia la describe como “esto es como tomar drogas pero de manera natural” y si… así es.. Nuestro cuerpo produce todo lo que necesitamos para estar en armonía, realmente no necesitamos ningún químico, o planta alucinógena exterior para lograr alinearnos con nuestra energía divina. Especialmente si elegimos utilizar cualquiera de ellas de manera recreacional.

Cuando entrenamos nuestra mente debemos recordar que estamos en un mundo humano y que este mundo nos permite ser seres emocionales. El hecho de que llevemos x cantidad de años meditando no nos exonera de sentir emociones…. Todo lo contrario, podemos volvernos mucho más sensibles, a las energías invisibles. Por eso en un entrenamiento mental debemos estar atentos no solo a meditar en una sala silenciosa, con olores aromáticos, y música de relajación, sino que debemos reconocer que el real entrenamiento mental se da afuera del cojín de meditación, afuera de ese salón mágico.

Recuerdo que cuando llegue al monasterio en Nepal, en el año 2007, sin descansar…. después de 30 horas de viaje….llegue derecho a un retiro… 10 días después el maestro nos dijo, ahora ha llegado el momento de la prueba final, tomen el bus y vayan al centro de Katmadú, donde hay bulla, carros, habitantes de la calle, etc… Al tratar de bajarme del bus… Una van a la que le cabían 19 personas, pero en la que habían alrededor de 30 personas… Me caí… no pude poner la pierna donde era, y terminé dándole un beso al pavimento…

Ahora sí! Allí estaba, en la mitad del bullicio, del plástico quemándose, de la vaca defecando en la calle, de las mujeres mayores cargando canastas llenas de arroz en sus cabezas… Esto no se parecía para nada a esos 10 días pasados, en los que durante 8 horas cantábamos canciones sagradas, comíamos dos veces al día, y no hablábamos….

De repente toda mi mente se aturdió. No entendía nada de lo que pasaba, por un lado obviamente el idioma era otro, pero por el otro lado todas las imágenes y todo ese castillo en el que viví los pasados 10 días se estaba derrumbando.

Me tomó unos segundos para recomponerme, para realmente sentir lo que estaba pasando alrededor, y en cuestión de minutos estaba pasando a ser una turista más…. Mi mente empezó a desear… desear conocer, probar nuevos sabores, aprender algunas palabras en el idioma local, conocer las diferentes denominaciones de las rupias Nepalíes, aprender a reconocerlas, tomar fotos….

Así entonces estaba pasando del silencio, al estar aturdida, al deseo…

Cuando finalmente me senté a comerme una bolsa de papas fritas… las cuales estaba deseando después de 10 días de comer lentejas, arroz y pan… pude tener un minuto para hablar con migo misma, para descubrirme y para darme cuenta del problema de amnesia inmediata que estaba sufriendo…

Esos 10 días maravillosos de cantos, de pensar en los seres humanos, de enviarles amor, paz tranquilidad, se desvanecieron en mi mente por unos minutos … dejé que el bullicio me envolviera y simplemente me estaba dejando llevar por el tumulto de personas.

Y así me di cuenta de lo fácil que es dejarse llevar por la energía de quienes nos rodean, en ese momento estaba teniendo aquel gran momento de aja! Sólo bastó con 30 minutos fuera del monasterio, en el medio de la ciudad, para darme cuenta que si realmente quería entrenar mi mente y volverme una guerrera espiritual debía fortalecer mucho más mi mente y dejar de tener amnesia.

Amnesia de los minutos pasados, considero que es la que nos invade de miedo, la que nos evita estar agradecidos de cada momento que vivimos y la que nos evita estar presentes en el lugar que sea que nos encontremos.

Abrazo sus amnesias con amor, para recordarles que se pueden regalar una sonrisa y regresar a su centro.

Las quiero mucho.