La flexibilidad en el sentir

La flexibilidad en el sentir

Sientes el viento corriendo por tu cuerpo; la temperatura eriza tus pelos; el brillo del sol hace que frunzas tu ceño; el silencio humano permite que se realcen los sonidos de la naturaleza. A un lado observas montañas, al otro lado encuentras nuevos edificios, incluso algunos más altos que el tuyo. Te encuentras sentado en la terraza del piso sesenta y tres.

Haz decidido ir a este lugar después de recibir una “crítica” de alguien a quien consideras importante en tu vida. Tienes una sensación de incomodidad difícil de entender. Tu corazón palpita fuertemente y tus ojos se aguan. Estás listo para comenzar a escuchar tu intuición. Confías que ese es el lugar que te regalará el espacio que necesitas para conversar contigo, con el espíritu santo, con tu voz interior.

Hay una falla técnica y las frases que  comienzas a escuchar en tu interior traen un mensaje distorsionado, los sonidos y el silencio del espacio que habitas en el piso sesenta y tres momentáneamente dejan de existir y comienzas a sentir como si estuvieras en un cuarto oscuro, sin ventanas. Tu fuerza, tu claridad, parece haberse esfumado.

Es acá cuando esa luz del sol que está encandilando tus ojos y permitiendo arrugar tu ceño debe ser quien guía tu conexión. La primera acción realizada, salir a un espacio abierto fue impulsada por la intuición; la segunda acción, escuchar un mensaje distorsionado, fue impulsada por tu proyección confusa de la realidad.

Las dos acciones que posiblemente puedes emprender se encuentran dentro de tí. La interacción que generas con cada una sembrará un nuevo futuro. Antes de realizar cualquier acción te propongo que te tomes unos segundos para observar, para permitirte desarrollar la paciencia, término que el gran maestro Budista, Nagarjuna, describe como la habilidad para saber sobrellevar situaciones difíciles.

Observar significa mirar profundamente la situación. O sea darte cuenta que todo lo que te están diciendo  no es necesario tomártelo personal. Cada palabra que las personas comparten contigo, cada sensación, cada juicio, son la posibilidad para que le sonrías a la vida, para que te des la oportunidad de aprender algo nuevo, de soltar tus prejuicios, tensiones, y liberarte.

Que tal si la próxima vez que alguien te comparta una “crítica” decidieras observar cual sería el impacto, que podría tener, el cambio que te proponen si lo pusieras en acción. De repente así te desprendes de tu ser, de esa identidad que has tomado como algo serio y duro. Para dar espacio a la flexibilidad, al soltar y a la exploración.

Si estás list@ para explorar o profundizar este tema a través de sesiones de coaching y meditación contáctame julianaklinkert@gmail.com

Te deseo lo mejor siempre