juliana Klinkert en Griffith Observatory Los Angeles

Que hago cuando mis emociones están a punto de ebullición

 

Hoy miro por la ventana y encuentro una palmera danzando con el viento. El tronco se mueve poco y las hojas danzan como cuando le ponen a las modelos un ventilador en dirección de su cara para que el pelo vuele libremente. La diferencia es que esta no es una secuencia de fotos, esta es la naturaleza manifestándose.

La palmera me ha inspirado a escribir dedicando especialmente este artículo a las mujeres que han vivido una vida mostrándose como las fuertes, las que todo lo pueden, las mujeres maravilla.

Esta semana varias mujeres han compartido conmigo lo cansadas que se encuentran de mostrarse como las superpoderosas… he criado a mi hijo como madre soltera, he tenido que mostrarle a mi hijo que todo lo puedo hacer, he desarrollado una vida en la que siempre debo tener las respuestas… son algunas de las expresiones que me han compartido estas mujeres.

Yo me detengo a investigar en profundidad esta manifestación humana. Pasamos la vida sosteniendo una actitud, mostrándonos como cierto tipo de persona. Asì es, sosteniendo, o sea guardamos y guardamos. Llenamos y Llenamos nuestra mente de emociones. Nos quejamos, le damos vueltas a la misma cosa, y se nos olvida bañarnos o sacar la basura interna.

Queremos sentirnos bien y hacemos todo lo contrario, en vez de bañarnos internamente nos contaminamos guardando, almacenando las mismas emociones repetitivas. O sea en vez de sacar la basura interna la seguimos llenando.

Esta semana no me he librado de estar revolcada por las emociones. He tenido la fortuna de contar con personas maravillosas a mi alrededor que me recuerdan que en esta tierra estamos pasando por una actividad principal, la de ser humanos, y adjunto a esta actividad nos damos cuenta que las emociones nos pueden llegar a dominar.

Algunos textos motivacionales nos invitan a reflexiones como: en quien nos tenemos que convertir para lograr quien queremos ser? También nos hablan de disciplina, de paciencia. Todos nos hablan de lo mismo… pero nadie nos ha dicho que hacer con las emociones. Una pregunta muy, muy básica. Es como si quisiéramos leer un libro sin haber aprendido a leer. Queremos ser felices pero no sabemos cómo trabajar con las emociones.

Tantos títulos escolares han formado nuestro cerebro hasta tal punto que nos han enseñado a vivir bajo ciertas estructuras. Vamos buscando siempre la solución hacia el futuro y no nos detenemos a regresar a lo simple. Incluso hasta preferimos llegar a pensar que mientras más complicados seamos en nuestro discurso más inteligentes seremos.

Yo tuve la gran fortuna de crecer cerca de los caballos, desde pequeña tuve una relación especial con ellos. Los trataba como mis mejores amigos, salíamos a pasear juntos y siempre me gustó verlos en su forma más natural, sin herraduras, y sin monturas. Esto me llevó a trabajar con ellos durante un tiempo. Trabajando con las personas para que aprendieran de sus emociones a través del relacionarse con los caballos.

Traigo esta historia a este escrito por que cuando tuve la oportunidad de trabajar con Luisa Gaviria y Fernando Gaviria en Caballos Formadores en Tenjo, Cundinamarca, Colombia. Aprendí gracias a ellos a leer a la naturaleza, a observar más profundamente que los caballos, aunque sean seres enormes son seres pacíficos. Cuando el peligro se acerca ellos huyen, en vez de atacar.

Y huyen siguiendo siempre al caballo que este mejor ubicado en tiempo y en espacio, nunca se chocan entre ellos y simplemente confían que el liderazgo de una manada ante el peligro lo tiene quien esté mejor ubicado, en tiempo y espacio.

De los caballos aprendí y tuve la oportunidad de experimentar una de las cosas más importantes y necesarias para tener una meditación llena de bendiciones.

Aprendí a sentir.

Las personas sueñan con meditar, pero más que soñar con la acción de meditar, si miramos profundamente, las personas añoran tener paz, añoran reconectarse con su silencio interior. O sea que en realidad añoran la sensación y no la acción de meditar.

Por eso cuando vamos a meditar una de las primeras cosas que me hubiera gustado aprender a mi hubiera sido el sentir, pero me tomó años antes de poder descubrir esta experiencia, y para mi sorpresa no fue algo que aprendí específicamente en el monasterio, pero si fue algo que aprendí con unos seres que no hablan con palabras, con los caballos.

Así que si sueñas con aprender a trabajar con las emociones, aprende primero a sentir…

Hoy hablaba con una mujer acerca de este tema, y ella me dijo, como así? Me podrías volver a explicar esto otra vez, no entendí….

Le puse este ejemplo: imagínate que estás sentada frente al mar.

Cuando decimos imagínate, estamos inmediatamente dibujando una imagen del mar en nuestra mente, eso, aún, no es sentir. Eso es traer una imagen a tu mente.

Sentir es ir más allá de la imagen, es oler el aroma del mar, sentir la temperatura en el cuerpo, la expansión del cerebro debido al oxigeno del mar y mucho más… mientras más sintamos más viviremos la experiencia.

Así que para aprender a trabajar con las emociones debemos aprender a sentir, para continuar con el siguiente paso. El de reciclar, o sea el de sacar la basura.

Cada noche antes de dormir, o cada mañana antes de levantarnos, sacamos todas las emociones que hemos acumulado del día y noche anterior y nos damos la oportunidad de continuar el día con una nueva curiosidad.

Disfruta la experiencia de ser Humano.

Muchas bendiciones para ti. Te escribo desde mi corazón.

Acá te dejo una meditación práctica para que puedas trabajar con las emociones. https://youtu.be/6k8QBE97lNM

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